ARQUITECTURA MEDIEVAL
En AHISVI, un grupo de personas estamos trabajando con ilusión en un proyecto un tanto ambicioso.
Tratamos de llevar a cabo una reconstrucción virtual de la evolución histórica del primitivo castillo de nuestra ciudad, desde que fuesen implantados sus iniciales cimientos, hasta los restos actuales que se conservan del mismo. Al mismo tiempo, casi inevitablemente, nos vemos obligados a hacer un seguimiento de los cambios sufridos por el núcleo urbano que dio origen a lo que hoy se ha convertido en este pueblo. En el número 2 de nuestra revista, inicié personalmente un esbozo de lo que pudiera ser este rastreo histórico de la evolución y crecimiento del núcleo de población que hoyes Villacarrillo, desde sus probables orígenes en algunos oppidums ibéricos, próximos a encrucijadas de caminos de comunicación que recorriesen "La Loma de Úbeda", con otros que uniesen transversalmente los accesos a los ríos Guadalquivir y Guadalimar. En tiempos de la presencia de Roma en la península, los restos de asentamientos ibéricos ya habrían desaparecido, casi con seguridad, Villacarrillo estaría reducido escuetamente a esta mera encrucijada de caminos, que unían villas romanas próximas a los márgenes de los dos ríos entre los que queda delimitada la franja de la campiña villacarrillense. Afortunadamente, de esta época, existen bastantes vestigios arqueológicos. Su fiabilidad, es incuestionable. Pero todos estos vestigios se encuentran relativamente distantes de la ciudad. Herrera, Mogón, Las Irijuelas, etc. son yacimientos de vital importancia para la reconstrucción de nuestra historia. De los tiempos visigodos, algo hay que sepamos y, quienes tienen alguna información la mantienen secuestrada, con el propósito de lIevársela al otro mundo. Desde esta situación, llegamos a la aparición del primer núcleo de población medieval, como alquería aneja a Iznatoraf, en tiempos almohades. En sus comienzos como suburbio torafeño puse especial énfasis en mi referido artículo. Sin embargo, de esta época, los testimonios y pruebas fehacientes son escasísimos. No es posible reconstruir el pasado islámico del lugar que ocupa este pueblo y sus alrededores. Pero es incuestionable que existe ese pasado y, por lo menos, debemos contar con el mismo. Si el castillo, que se levantara en el mismo solar que hoy ocupa la parroquia de la Asunción, tuvo origen moro, no podemos asegurarlo, aunque a nuestro juicio es lo más probable, pues de entre las escasas pruebas de que se tiene conocimiento está la lápida descubierta en el Alto de Menga, que da testimonio de la existencia de un cementerio del siglo X en el lugar. Sobre los cimientos de este supuesto castillo almohade, se levantó, sin duda alguna, un castillo cristiano de que hoy son prueba los restos que existen del mismo. No hay una sola piedra entre estos restos, cuyo origen pueda considerarse anterior al siglo XIII, después de la reconquista por parte de las huestes de Fernando 111, al frente del guerrero arzobispo de Toledo Rodrigo Ximénez de Rada. ¿Tal vez el aljibe que queda en el centro de la nave de la iglesia, en pésimas condiciones de conservación, por culpa de la falta de interés y desidia de las sucesivas autoridades locales y religiosas? Partiendo de esta situación, en este grupo de trabajo de AHISVI, empezamos a abordar el proyecto citado. Disponemos de muy pocos datos en que basarnos, casi todos procedentes de la única fuente creíble hasta el momento, el legado de Tomás Román Pulido. Nuestro deseo hubiera sido que, al menos, un primer capítulo de este trabajo apareciera en este número de nuestra revista. Pero la tarea no es fácil. El material y documentación de que disponemos es escaso. Contamos con muy poca ayuda, pero dentro de tal escasez, necesario es destacar la más importante y valiosa, la del profesor de historia medieval, Juan Carlos Castillo Armenteros de la Universidad de Jaén. Obligado es que reseñemos la última visita que nos ha hecho esta persona, desplazándose con sus propios medios hasta aquí. Muchas de las dudas se nos han clarificado y hemos salido también, gracias a ello, de muchos errores en que nos encontrábamos. No podremos llegar a unos resultados completo y fidedignos, pero no por eso estamos dispuestos a abandonar el proyecto. Al final nuestros resultados no serán perfectos, pero si figura entre nuestras intenciones que, dentro de su parquedad, sean lo más serios posible.
Esperemos que en el próximo número podamos incluir, al menos, un avance del estado en que se encuentran nuestros trabajos.
